La lumbalgia es la sensación dolorosa correspondiente a la columna lumbar que impide su movilidad normal. Si su duración es menor de tres meses se trata de una lumbalgia aguda y si la duración es mayor se considera crónica.

Las lumbalgias suponen un problema de salud pública por la elevada tasa de aparición, siendo una de las principales causas de la incapacidad laboral en la población activa menor de 45 años. Se estima que alrededor del 60-80% de la población padecerá lumbalgia al menos una vez a lo largo de su vida.

Actualmente, pasamos muchas horas sentados frente al ordenador, en el sofá o en incómodas sillas con posturas incorrectas; además en el ámbito laboral realizamos movimientos forzados y repetitivos sin tener en cuenta la ergonomía, como levantar cargas, movimientos de giros de tronco o trabajos con vibraciones corporales. Todos ellos son factores de riesgo de tipo mecánico para el desarrollo de dolor de espalda.

El abordaje de esta patología es complejo ya que tanto en su origen como en la respuesta al tratamiento intervienen factores físicos, psicológicos, sociales y laborales, difíciles de valorar.

La mayor parte de las lumbalgias son de causa inespecífica, es decir, no hay una causa anatómica o estructural que explique su aparición, tras realizar las pruebas de imagen diagnósticas (TAC, radiografía, RMN). Suponen hasta un 90% de los casos de dolor lumbar, mientras el otro 10% son lumbalgias con una causa específica entre las que se incluyen las hernias discales, fracturas osteoporóticas, procesos infecciosos…

Está desaconsejado el reposo absoluto en el caso de aparición de un cuadro de lumbalgia aguda, ya que ello conlleva una mayor debilidad de la musculatura de la espalda. Por ello se recomienda seguir manteniendo la actividad que el dolor permita. Si no es posible, el reposo debe limitarse a 2-3 días como máximo, y después comenzar progresivamente a realizar las actividades habituales con la ayuda de medidas farmacológicas.

En cuanto sea posible se recomienda comenzar con actividades suaves como andar o nadar durante 15 minutos e ir aumentando progresivamente hasta los 30 minutos. Al mismo tiempo, conviene iniciar una rutina básica de ejercicios para potenciar la musculatura de la espalda y abdominal para mejorar el funcionamiento de la espalda, disminuir la duración y la intensidad del dolor y evitar las recidivas. Es importante ser constante; es preferible realizar la rutina con regularidad que realizarlos únicamente de vez en cuando o cuando empieza a aparecer el dolor.

Está demostrado que el ejercicio regular está relacionado con un menor riesgo de desarrollar cuadros de dolor de espalda, además de ser beneficioso para nuestro estado de salud global.

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